Noticia extraída del periódico digital  lainformacion.com

Cada vez es más frecuente que los alumnos españoles metan en sus mochilas tableros y piezas de ajedrez, una actividad que incluso podría volverse obligatoria porque ayuda a mejorar en matemáticas y comprensión lectora, su punto débil.

A Álvaro Pineda, de once años, que asiste a clases extraescolares de ajedrez en el Colegio Aldebarán de Tres Cantos, a 20 km al norte de Madrid, incluso le suena que existe «una ley para que haya clases de ajedrez».

Se refiere a la legislación adoptada este año por el Congreso y que prevé su introducción como herramienta pedagógica en el sistema educativo. Ahora, cada gobierno regional podrá decidir que el ajedrez, presente ya en más de 1.000 colegios de España, será una materia obligatoria u optativa. Y se espera un fuerte impulso, dado que el apoyo en la cámara fue unánime.

La pionera en introducir el ajedrez como asignatura obligatoria fue la región rusa de Kalmykia en 1996 (sur), a orillas del mar Caspio, un proyecto extendido a otras zonas posteriormente, aunque el primer país en aplicar la norma en el conjunto de su territorio fue Armenia en 2011. México lo decretó en 2014, al igual que algunas regiones de China, India o Alemania.

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«A mí no me gustaría [que fuera obligatorio] porque si cada uno quiere jugar al ajedrez, es su decisión», opina Adam Maltoni, de nueve años. «Debería ser obligatorio», discrepa Rodrigo Gómez, de once, antes de llamar la atención del profesor exclamando: «¡Javi, tenía dos murallas y le he hecho mate!».

Javier Martínez de Navascués, de 24 años, da clase en este centro desde hace tres. Reparte el tiempo entre partidas, explicación teórica y «cosas chulas, de esas que les gustan más, una clavada, unos rayos x…», añade sonriente describiendo los extraños nombres de algunas jugadas.

Su pasión por el ajedrez fue tardía y dice que le enseñó a enfocar «todo con más pausa». Sus alumnos parecen menos conscientes de sus ventajas, aunque Álvaro Pineda, que ya jugaba en casa con cinco años, asegura que «aumenta mucho la capacidad mental». «He mejorado un montón porque hay que pensar mucho en el tablero y dónde está cada pieza y un montón de jugadas adelante», lo que requiere memoria, resume, mientras a David Martínez, de nueve años, asegura que le ha ayudado «en la traslación» de objetos de un plano a otro.

«En Alemania, en determinados colegios, se ha sustituido una hora de matemáticas a la semana por una hora de ajedrez y eso ha supuesto una mejora en el rendimiento de un 30%», asegura Pablo Martín Peré, el diputado socialista que redactó la proposición, recordando que precisamente el Informe PISA de la OCDE concluye que esa materia y comprensión lectora son los puntos flacos de los alumnos españoles.

Pero, ¿por qué el ajedrez ayuda en otras materias y en cuestión de meses? Los niños aprenden a transferir a otras disciplinas la habilidad que se adquiere de interpretar códigos, analizar y sintetizar, señala Adriana Salazar, nueve veces campeona de Colombia, campeona Centroamericana y del Caribe y maestra internacional, además de profesora desde hace 33 años.

Su método, ‘Ajedrez en el aula’, arranca en educación infantil, fundamentalmente para «desarrollar el pensamiento» y las «habilidades sociales y valores».

Lo aplican más de 50 colegios en Colombia, 143 en España y doce en Miami. «Primero enseñamos con un tablero gigante en el piso, conociendo las partes del tablero, las columnas, las filas, las diagonales, y nos movemos saltando sobre este gran tablero de ajedrez, que para los más pequeñitos, yo les digo que es un país de vainilla y chocolate», cuenta.

El punto de desacuerdo es quiénes deberían enseñar ajedrez. «Con un aprendizaje de dos o tres semanas, ya sería suficiente» para que los docentes de los colegios pudieran impartirlo, afirma Martín Peré. «Ese para mí es el error», rebate Daniel Gil, presidente del Club de Ajedrez de Tres Cantos. «Está bien que sean maestros porque ya tienen un bagaje» pedagógico, pero también se requiere «un cierto conocimiento» porque «el ajedrez tiene mucha miga», defiende.

El objetivo, en cualquier caso, subraya Salazar, «es enamorar a los niños» y hacer del ajedrez una materia «que encanta a los maestros», desterrando el mito: «ni es aburrido ni es difícil».