Hay tradiciones que nacen casi sin querer.
Y en nuestro club parece que, verano tras verano, se va consolidando una muy especial: la de nuestros “Peones por el Mundo”. Chicos y chicas que guardan por unos días el tablero habitual, preparan la maleta y se marchan a vivir nuevas aventuras en las que, por supuesto, nunca faltan un rey, una dama y unos cuantos peones.
Este verano le ha tocado el turno a Julen Koratty, que ha cambiado durante unos días nuestro rincón habitual por Mondariz Balneario, en Galicia, para participar en el Campamento de Ajedrez CEMAR y en el XII Abierto Internacional de Ajedrez Hotel CEMAR “Fernando Marcote in Memoriam”.
Agradecemos al club de Ajedrez de Errenteria , (Guipuzkoa) Beraun Bera xake Taldea la magnifica atención que le han dado a nuestro Julen acogiéndole en su aventura como si fuera uno mas de ellos ; Gracias ¡¡ y en especial al presidente de dicho club Urtzi Urdanpilleta. Gracias ¡¡¡
Y viendo las fotos, sospechamos que la experiencia ha tenido bastante más que nueve rondas de ajedrez.
Una semana viviendo ajedrez
Del 8 al 16 de agosto, Julen ha compartido alojamiento y actividades con jóvenes ajedrecistas llegados de diferentes lugares.
Las mañanas comenzaban con clases de ajedrez; después llegaban la piscina, las actividades al aire libre, el deporte, los ratos de descanso y, por supuesto, las partidas. Y todavía quedaban fuerzas por la noche para seguir moviendo piezas en formatos algo menos serios: ajedrez por equipos, Chess 960, problemas, variantes y otras actividades.
O dicho de otra manera: ajedrez desde que uno se levanta hasta prácticamente la hora de acostarse.
Para algunos podría sonar a castigo.
Para nuestros chicos, inexplicablemente, parece ser una estupenda manera de pasar las vacaciones.
Y por las tardes… torneo internacional
Pero entre piscina, amigos y actividades había también que ponerse serio.
Julen participó en el XII Abierto Internacional Hotel CEMAR, un torneo de nueve rondas a ritmo clásico, con partidas de 90 minutos más 30 segundos de incremento por jugada y válido para ELO FIDE.
Una competición exigente, con jugadores de distintas edades, niveles y procedencias, en la que nuestro peón comenzó con 1733 puntos de ELO FIDE y terminó sumando 4,5 puntos, exactamente la mitad de los nueve posibles.
Más allá del número, quedan nueve partidas largas, posiciones mejores y peores, decisiones acertadas, errores que seguramente habrá repasado después —porque los ajedrecistas tenemos esa extraña costumbre de recordar durante días precisamente la jugada que no hicimos— y muchas horas de experiencia acumuladas frente al tablero.
También hubo ocasión de probar una modalidad bastante menos tranquila: el torneo nocturno de blitz, a 3 minutos más 2 segundos por jugada.
Porque, por si nueve partidas lentas durante la semana no fueran suficientes, siempre queda una noche de verano para jugar unas cuantas más deprisa.
Pero quizá lo importante estaba fuera del tablero
Las fotografías cuentan otra parte de la historia.
Nos enseñan a Julen concentrado frente a las piezas, esperando la jugada del rival y tratando de encontrar esa continuación que sólo parece evidente cuando uno analiza la partida después.
Pero también aparecen compañeros, viajes, conversaciones, comidas compartidas y ese grupo de chicos que probablemente una semana antes apenas se conocían y que termina posando junto, brazos sobre los hombros, como si llevaran mucho más tiempo compartiendo aventuras.
Y seguramente ahí esté lo mejor de experiencias como ésta.
Porque un campamento de ajedrez enseña aperturas, finales y estrategia, claro que sí. Pero también enseña a viajar sin los padres, convivir, organizarse, ganar, perder, conocer gente diferente, hacer amigos y desenvolverse cada vez un poquito más por uno mismo.
El tablero es muchas veces simplemente la excusa perfecta.
Nuestros peones se nos hacen mayores
Y mientras tanto, desde aquí, contemplamos otro capítulo de nuestros particulares “Peones por el Mundo”.
Es curioso. Hace no demasiado tiempo les acompañábamos a los torneos, preparábamos mochilas, bocadillos y horarios, y estábamos pendientes de cuándo terminaban cada partida.
Ahora empiezan a coger sus propias maletas, viajar, conocer nuevos lugares y construir recuerdos en los que nosotros ya no estamos siempre al lado.
Se nos hacen mayores.
Y aunque eso tenga un pequeño punto de nostalgia, también es exactamente lo que queremos que suceda.
Que el ajedrez les sirva para competir y mejorar, sí, pero sobre todo para abrir puertas, conocer personas y vivir experiencias que recuerden cuando dentro de muchos años ya no sepan cómo acabó aquella partida de la quinta ronda.
Así que este episodio de Peones por el Mundo nos lleva hasta Galicia.
Una semana de verano.
Mucho ajedrez.
Nuevos compañeros.
Alguna victoria, alguna derrota y seguramente unas cuantas historias que no aparecerán en ninguna clasificación.
Y nuestro peón Julen Koratty, un poquito menos peón y un poquito más mayor, de vuelta a casa con unas cuantas partidas —y esperamos que muchos buenos recuerdos— en la mochila.
¡Grande, Julen!
Y cuidado, porque el verano todavía no ha terminado…
¿Dónde aparecerá el próximo peón?







